El puerto de Acapulco, Guerrero, se enfrenta a un segundo diciembre complicado para el turismo después de los estragos causados por los huracanes “Otis” y “John”, dos de los fenómenos más devastadores de la historia reciente de México. A más de un año del paso de “Otis” y tres meses desde “John”, las huellas de la destrucción persisten y los esfuerzos de reconstrucción parecen insuficientes.
“John” dejó casi 30 muertos en el país tras impactar el 23 de septiembre, y muchos trabajadores de las playas de Puerto Marqués, Revolcadero y el Malecón temen que las vacaciones decembrinas, las más importantes para la economía local, vuelvan a estar en peligro.
La oferta hotelera en Acapulco se ha reducido drásticamente: de más de 20 mil habitaciones antes de “Otis”, las autoridades estiman que a finales de 2024 solo habrá disponibles unas 14 mil. Las zonas turísticas siguen en ruinas; en Puerto Marqués, 16 restaurantes enfrentan órdenes de demolición, aunque algunos han buscado amparos legales para resistir.
En Revolcadero, el acceso a la playa está destruido, y más de 200 locales y 18 restaurantes han dejado de operar por falta de condiciones. Víctor Manuel Díaz, restaurantero local, explicó que de su negocio dependen 10 familias, y que más de mil personas en la zona viven de actividades relacionadas con el turismo de playa.
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