El General Porfirio Díaz, acompañado de su esposa Carmelita, el General Fernando González y sus cuñadas Sofía y María Luisa, partieron de la ciudad-estado de Mónaco el 14 de enero de 1913 con destino a Alejandría, Egipto. Su propósito era explorar las pirámides y la icónica Esfinge de Gizeh.
Durante la travesía cultural, Porfirio Díaz y sus acompañantes optaron por un atuendo elegante, capturado por el lente del fotógrafo que inmortalizó la histórica visita. Las damas lucían vestidos largos, blusas de cuello alto y sombreros de moda, mientras que Porfirio Díaz vestía una corbata y un impecable traje oscuro.
En su recorrido, las damas montaron camellos, mientras que Porfirio Díaz prefirió desplazarse en un burro, una elección que consideró más segura y práctica, reminiscente de su juventud en Oaxaca, donde solía montar burros con frecuencia.
La visita les permitió contemplar asombrados la majestuosidad de la Esfinge de Gizeh y las imponentes pirámides de Kefrén y Keops, ubicadas en la fascinante necrópolis cercana a El Cairo. Esta experiencia les proporcionó una comprensión más profunda del poder y esplendor del antiguo imperio de los faraones.
Al observar el sitio, se hizo evidente el significado de la antigua frase egipcia: «El tiempo se burla de todo, pero las pirámides se burlan del tiempo», destacando la perdurabilidad y la magnificencia de estas antiguas maravillas arquitectónicas.
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